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Dios
es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas. Es
eterno, inmutable, inmaterial, único, omnipotente, soberanamente justo
y bueno.
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El Universo es creación de Dios. Abarca todos
los seres racionales e irracionales, animados e inanimados, materiales
e inmateriales.
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En el Universo hay otros mundos
habitados por seres de diferentes grados evolutivos: iguales, más
evolucionados y menos evolucionados que los hombres.
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Todas
las leyes de la Naturaleza son leyes divinas, puesto que Dios es su
autor. Abarcan tanto las leyes físicas como las leyes morales.
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El
hombre es un Espíritu encarnado en un cuerpo material. El periespíritu
es el cuerpo semimaterial que une el Espíritu al cuerpo material.
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Los Espíritus son los seres inteligentes de la creación y forman parte de un mundo que preexiste y sobrevive a todo.
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Los
Espíritus son creados simples e ignorantes. Evolucionan, intelectual y
moralmente, pasando de un orden inferior a otro más elevado hasta
alcanzar la perfección, cuando gozan de inalterable felicidad.
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Los Espíritus mantienen su individualidad, antes, durante y después de cada encarnación.
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Los Espíritus reencarnan tantas veces como sea necesaria para su propio perfeccionamiento.
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Los
Espíritus evolucionan siempre. En sus múltiples existencias corporales
pueden estacionarse, pero nunca retroceden. La rapidez de su progreso
intelectual y moral, depende de los esfuerzos que hagan para llegar a
la perfección.
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Los Espíritus pertenecen a
diferentes órdenes, conforme el grado de perfección que hayan
alcanzado: Espíritus Puros son aquellos que alcanzan la máxima
perfección; Espíritus Buenos, en los que predomina el deseo del bien;
Espíritus Imperfectos, se caracterizan por la ignorancia, el deseo del
mal y las pasiones inferiores.
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Las relaciones de los
Espíritus con los hombres son constantes, y han existido siempre. Los
Espíritus buenos nos inducen al bien, nos sustentan en las pruebas de
la vida y nos ayudan a soportarlas con coraje y resignación. Los
imperfectos nos inducen al error. Jesús es el guía y modelo para
toda la Humanidad. La Doctrina que enseñó y ejemplificó es la expresión
más pura de la Ley de Dios.
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La moral de Cristo,
contenida en el Evangelio, constituye el camino para la evolución
segura de todos los hombres, y su práctica es la solución para todos
los problemas humanos y el objetivo hacia el cual debe dirigirse la
Humanidad.
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El hombre tiene el libre albedrío para obrar, pero es el responsable por las consecuencias de sus acciones.
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La vida futura reserva a los hombres penas y gozos compatibles con su proceder, respetuoso o no de la Ley de Dios.
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La
oración es un acto de adoración a Dios. Está en la ley natural y es el
resultado de un sentimiento innato en el hombre, tanto como es innata
la idea de la existencia del Creador.
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La oración
mejora al hombre. Aquel que ora con fervor y confianza es más fuerte
contra las tentaciones del mal, y Dios le envía a los buenos Espíritus
para que le asistan. La oración es un auxilio que nunca se niega,
cuando es pedido con sinceridad.