La historiadora detalla:

“Lo más notorio fue que los distintos círculos de la República Mexicana quedaron sin un órgano que guiara sus actividades a escala nacional, y por ello cada uno trabajó por separado bajo sus propias orientaciones, limitaciones y recursos.

“Todavía alrededor de 1893, la cabeza que era la Sociedad Espírita Central trató de hacer llamados de atención a los agremiados del país para no cesar de sujetarse al reglamento de la Sociedad, pero también para no perder el rumbo de su doctrina a escala internacional. En este sentido, uno de los últimos anuncios que envió a los diversos círculos afiliados, fue en el sentido de certificar su apego a las conclusiones de los dos congresos espiritistas celebrados en Barcelona y París en 1888 y 1889, respectivamente”.

Adicionalmente, como consecuencia de la alianza estratégica de Porfirio Díaz con la alta jerarquía de la Iglesia Católica –continúa Tortolero- se generó una corriente de acción en contra de las diversas expresiones religiosas y espirituales. Se vieron afectados los masones, los protestantes y, por supuesto, los espiritistas.

“Puesto que el espiritismo fue también ardientemente anticatólico, no es de sorprender que las fuentes espiritistas revelen que en el decenio de 1880 muchos líderes protestantes también fueron adeptos a esa ideología. En efecto, a menudo la prensa protestante hizo frente común con el catolicismo exacerbado de los espiritistas, en particular en los momentos de persecución”, afirma Jean-Pierre Bastian en “Los Disidentes: Sociedades Protestantes y Revolución en México, 1872-1911”, citado por Yolia Tortolero.

Este clima de hostilidad hacia los movimientos espíritas quedó reflejado en una comunicación enviada a Francisco I. Madero –quien con el tiempo se convertiría en un ferviente promotor del espiritismo kardeciano y posteriormente Presidente de México- por el director de la revista espírita “Alma”, Antonio B. Castro, en 1904.

Según la investigación que hemos citado, B. Castro indicó a Madero que en su primer número de la revista debieron modificar la materia de la misma para evitar persecuciones, por lo que la denominaron “Revista Mensual de Estudios Psíquicos y Morales”.

“Como verá usted, creímos conveniente no estampar en el primer número con entera claridad nuestro objeto o, más bien dicho, no estampar la palabra espiritismo, que a muchos asusta”, expresa B. Castro a Madero.

No obstante, “Alma” dio un giro y comenzó a incluir contenidos notoria y abiertamente espiritistas. La consecuencia relatada por el propio director a Madero:

“No tiene usted una idea de cómo hemos luchado contra de la clase clerical y fanáticos que no desperdician la oportunidad para evitar la publicación y circulación del periódico, pues, según he sido informado, han recurrido hasta con los carteros repartidores del correo para que no hagan entrega de nuestra revista, y también sabemos que la guerra nos la
tienen jurada por debajo del agua, pues no han querido aceptar polémica ninguna por medio de la prensa; comprenden bien que el silencio es lo más elocuente”.

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