El Espiritismo en México (1870-1900)
El presente texto
no pretender ser una investigación exhaustiva, sino marcar un referente
para aquellas personas que buscan establecer el origen del espiritismo
kardeciano en México.
En estas líneas se constatará que el
espiritismo no es una doctrina nueva en nuestro país y que, antes bien,
desde la segunda mitad del siglo XIX existía ya un apego riguroso a las
buenas prácticas espíritas, es decir, apegadas a la codificación, y
alejándose del charlatanerismo y cuales quiera otras derivaciones
contrarias a los dictados de los espíritus superiores.
Un Espiritismo en Efervescencia
Las
primeras nociones que se pueden encontrar en la historia documentada de
México sobre la práctica del espiritismo kardeciano (derivado de la
codificación de las comunicaciones espíritas hechas por el francés
Allan Kardec) datan del año de 1870.
Si se conoce que El Libro
de los Espíritus fue publicado el 18 de abril de 1857 en París,
Francia, podemos asegurar que, en realidad, la llegada del espiritismo
a México no es tan reciente como pudiera pensarse, ni se trata de una
doctrina joven en nuestro país.
La presencia del espiritismo en
México ha sido conocida por la práctica que de éste tuvo Francisco I.
Madero, sin embargo, para cuando este personaje histórico tuvo sus
primeros contactos con la doctrina (1891), mucha historia se había
escrito ya.
Sin demérito alguno de este héroe patrio, el
Espiritismo no nace ni muere con Francisco I. Madero. La existencia de
un gran movimiento espírita detrás de esta página de Internet es una
muestra de ello.
Antes bien, para 1870 el espiritismo era un
movimiento en efervescencia en muchas partes del país –ciertamente en
unas más que en otras. No obstante, debe hacerse notar que fue en
Guadalajara donde se registró inicialmente una fuerte presencia y gran
actividad en la escena pública para, posteriormente, mudarse a la
Ciudad de México.
En agosto de 1872 ya se había constituido la
Sociedad Espírita Central de la República Mexicana y el general Refugio
I. González había fundado, en 1868, en Guadalajara, Jalisco, el primer
periódico espírita llamado La Ilustración Espírita.
Pero además,
Refugio I. González había traducido en 1872 “El Evangelio Según el
Espiritismo” y, en 1875, “El Libro de los Espíritus”, ambos textos
correspondientes a las 5 obras que codificó Allan Kardec (además de
estos dos, “El Libro de los Médiums”, “El Cielo y El Infierno” y “La
Génesis”).
Otro dato de interés es que Ignacio Mariscal,
entonces ministro de Relaciones Exteriores de Porfirio Díaz, tradujo de
manera anónima en 1892 el libro de León Denis llamado “Después de la
Muerte”.
Notoriamente, como un signo de la fuerza con que crecía
el espiritismo, el obispado de Querétaro había emitido ya una carta
pastoral en contra de éste en 1872. Representantes de ambos libraban
intensos debates en las páginas del periódico La Ilustración Católica.
Existen
diversas revisiones históricas que, dilucidando centralmente sobre la
faceta espírita de Francisco I. Madero, permiten reconstruir parte de
la historia del espiritismo en México.
Sin embargo, es necesario
revelar que desde esa época, los precursores del espiritismo kardeciano
manifestaban una gran preocupación porque la práctica de esta doctrina
se apegara a los principios dictados por los espíritus superiores al
codificador Allan Kardec, lo cual nos indica la existencia de prácticas
distintas a éstos.
Regresando a la revisión de ese episodio
histórico, destacan los exhaustivos trabajos de los historiadores Yolia
Tortolero Cervantes, con su obra “El Espiritismo Seduce a Francisco I.
Madero”, y José Mariano Leyva, con “El Ocaso de los Espíritus, El
espiritismo en México en el siglo XIX”, entre otros más, en los cuales
adicionalmente se hace una compilación de las cartas sicografiadas por
Francisco I. Madero a través del ejercicio de su mediumnidad.
Derivado
de estas investigaciones se puede establecer hoy que los movimientos
espíritas en el país generaron un número diverso de publicaciones, que
tenían como fin divulgar la doctrina.
Entre éstas destacan “La
Luz en México” (1872), periódico en el que se dictaban las reglas para
conservar los principios doctrinales codificados por Allan Kardec y que
era editado por el Círculo Espírita Central, de la Sociedad Espírita
Central de la República Mexicana.
Asimismo, existieron “La
Sombra de Hidalgo” (1894-1895); “El Orto de la Verdad” (1878), en
Xalapa, Veracruz; “Nueva Era” (1878), en el Puerto de Veracruz, y el
“Boletín del Círculo Espírita Paz y Progreso” (1890), en Orizaba,
Puebla, de acuerdo con el trabajo de investigación de Celia del Palacio
Montiel, denominado “Inicios de la Prensa Especializada Durante el
Siglo XIX en Veracruz”.
En los primero años del siglo XX
surgieron otros periódicos espíritas como “Alma” (revista editada de
1904 a 1905 en Guadalajara por Juan Farías y que era el órgano de
difusión del grupo espírita Viajeros de la Tierra), “Lumen”, “La Luz”,
“El Cristiano Espírita” y “Nueva Era”. Destaca de igual manera “El
Obrero Espírita”, periódico mensual y órgano de difusión del Círculo
Espiritista Amor y Progreso del estado de Morelos que se editó de 1910
a 1911.
Asimismo, “La Cruz Astral”, “El Siglo Espírita” y
“Helios”, en los que Madero realizó algunas colaboraciones sobre temas
espíritas.
De igual manera se realizaron publicaciones formales
de las comunicaciones recibidas a través de la práctica medianímica,
como es el caso del libro “Reproches y Consejos”. Obra medianímica
recibida por el médium psicógrafo Francisco Urgel, editado en 1889 por
el Círculo Espírita La Luz.
Por otra parte, de acuerdo con La
Ilustración Espírita, existían registrados y reconocidos por apegarse a
la doctrina de Kardec, los siguientes centros o círculos:
La Sociedad Espírita Central de la República Mexicana y La Prensa Espírita
La
Sociedad Espírita Central de la República Mexicana fue formalizada en
agosto de 1872 y en su acta constitutiva quedaron registradas las
firmas del general Refugio I. González (fundador del periódico “La
Ilustración Espírita”), Manuel Powers y Santiago Sierra, este último
hermano de Justo Sierra, Secretario de Instrucción Pública, diputado,
ministro de la Suprema Corte de Justicia e impulsor de la Universidad
Nacional, quien de igual manera colaborara en algunas ocasiones en la
publicación.
Dicha sociedad representó la seriedad y fuerza con
los que el espiritismo kardeciano se instaló en México. Y una prueba de
su apego a los principios dictados por los espíritus superiores a Allan
Kardec fueron sus objetivos, como lo relata la investigación de
Tortolero:
“Luchar para que desaparecieran ciertas prácticas que
desacreditan al espiritismo y que sólo tienen origen en la ignorancia
supersticiosa o en el egoísmo de los que se sirven de él para negocios
lucrativos”.
Asimismo, Antonio Saborit, citado en “El
Espiritismo Seduce a Francisco I. Madero”, asegura que para esos años
ya se habían constituido de manera formal diversos grupos espíritas,
como el “Círculo Allan Kardec de la Ciudad de México”, representado por
el escritor Ignacio Castera, así como diez más establecidos en el
Distrito Federal y otros en Guadalajara, Jalisco; Guanajuato, San Luis
Potosí, Monterrey y Tampico. Resalta adicionalmente otra fuente de
información que ya existía la Sociedad Espírita de Baroyeca, Sonora
–zona donde se generó el fenómeno de una adolescente con aparentes
facultades mediúmnicas llamada Teresa Urrea.
La Sociedad
Espírita Central de la República Mexicana publicaba contenidos de gran
calidad y apego a la doctrina espírita a través de su órgano oficial de
difusión, que era “La Ilustración Espírita”.
El primer número de
la “Ilustración Espírita” que se puede encontrar está fechado el 15 de
diciembre de 1868 y en él aparece como editor responsable Benigno
Sánchez. En su encabezado destaca la máxima espírita esculpida por
Kardec: “Fuera de la Caridad no Hay Salvación”.
Destaca
igualmente la definición de su objetivo: “Periódico consagrado
exclusivamente a la exposición y defensa del espiritismo”.
El
mismo salía a la venta quincenalmente y la suscripción semestral, en
Guadalajara, tenía un costo de 6 reales y un peso, para todo el país.
Este periódico tuvo dos épocas, de acuerdo con el historiador José Mariano Leyva.
Un
año después de su fundación, su impresión debió mudarse a Guanajuato.
Para 1872 se comenzó a editar en la Ciudad de México y circuló hasta
1879.
De julio de 1879 a octubre de 1888 se dejó de imprimir por
falta de recursos y en gran medida porque los suscriptores no pagaban
regularmente sus cuotas.
La segunda etapa de “La Ilustración
Espírita” está marcada a partir de noviembre de 1888 y hasta diciembre
de 1893. El último año y tres meses estuvo a cargo de Moisés González,
hijo de Refugio I. González. Este último desencarnó en 1892.
Entre
algunos de los múltiples colaboradores que tuvo “La Ilustración
Espírita” destacan las firmas de la médium española Amalia Domingo
Soler, el escritor mexicano Manuel Gutiérrez Nájera –quien llegó a usar
el seudónimo de Ignotus- y Laureana Wright González, precursora de la
igualdad entre mujeres y hombres.
Volviendo a la Sociedad
Espírita Central de la República Mexicana, todos sus agremiado estaban
obligados a enviarle las comunicaciones mediúmnicas a fin de que fueran
validadas (tal y como se recomienda en la codificación) y para lo cual
estableció el Círculo Espírita Central, instancia que difundía sus
conclusiones en el periódico “La Luz en México”, que comenzó a
publicarse a partir de 1872.
Tortolero nos ilustra citando las reglas dictadas por este círculo:
“Todo
aquel que se aparte de la común intención que hoy nos reúne, ya sea por
pertenecer a otra escuela diferente de la del ilustre Allan Kardec, o
bien por oponerse a ella con abierta hostilidad, ya sea de palabra o
por escrito […] será primero invitado por el consejo a una o más
conferencias privadas y si en éstas resultare probada su mala causa […]
el consejo propondrá a la Sociedad su separación, expresando la causa”.
Se Acercan Espiritismo y Catolicismo
De
acuerdo con las referencias históricas, la llegada de la corriente
positivista a México -ciencia sin teología o metafísica, basada
sólo en datos del mundo físico (material): los que adoptan el
positivismo valoran el método y el empirismo científico-, propició un
particular acercamiento de los espíritas y católicos.
La razón
es que ambos cuestionaron con grandes similitudes los postulados del
positivismo de Augusto Comte, apelando a la existencia del alma y su
predomino sobre la materia.
Es de destacar que en ese periodo,
“La Ilustración Espírita” definió con claridad que el espiritismo no
era una religión de acuerdo con los principios de la doctrina, en razón
de no tener cultos, ritos ni dirigentes.
Nuevamente Yolia Tortolero nos da luz sobre el tema y desvela la importancia que el espiritismo cobraba en 1875:
“La
confrontación que hubo en la prensa de ideas espiritistas,
positivistas, católicas y materialistas también estuvo presente en el
Liceo Hidalgo, un foro público que abrió el debate sobre el espiritismo
durante las sesiones realizadas en los meses de abril y marzo –de ese
año- en las cuales se trató el tema del espiritismo y su relación con
la ciencia, el materialismo y el positivismo”.
No obstante, esa
precaria alianza coyuntural terminaría por romperse con el tiempo.
Porfirio Díaz, buscando sumar aliados, acordaría años después con la
Iglesia Católica una restricción a los cultos diversos, con lo que el
movimiento espírita prácticamente salió de la escena pública, según las
referencias históricas.
El Espiritismo Mexicano y sus Relaciones con el Exterior
A
través de la recompilación histórica de la vida de Refugio I. González
hecha por José Mariano Leyva es posible esbozar el grado de relaciones
que existían entre los espíritas organizados mexicanos y otros grupos
en el extranjero.
“En enero de 1875 – Refugio I. González-
ingresó en la Sociedad Espírita de la capital de México; en noviembre
de 1878 fue nombrado miembro de honor de la Société Scientifique
d´Estudes Psychologiques de París; en 1881 la sociedad espírita de
Guatemala, la Nueva Era, expidió a su favor el título de presidente
honorario, por acuerdo de su junta directiva.
“En 1887 le nombró
en asamblea general la Congregación Espiritista de Buenos Aires,
Fraternidad, socio corresponsal de la misma; en 1884, la Unione Operaja
Umberto I, sociedad de socorros mutuos de Nápoles, le envió el diploma
de socio protector…”, cita en su libro.
Las relaciones de los
espíritas mexicanos con el exterior no eran poco frecuentes, ya que
existe constancia de comunicaciones epistolares con la Revista Espírita
de Allan Kardec.
Está acreditado que con una gran regularidad se realizaban compras de libros y documentos con diversas agrupaciones europeas.
Existen
constancias de un detallado seguimiento de actividades internacionales,
como lo fueron el Congreso Internacional Espírita en Barcelona, el 3 de
octubre de 1888; el Congreso Espírita de París, en octubre de 1889, y
el Congreso Espírita Iberoamericano e Internacional de Madrid, en
noviembre de 1892.
Grandes Debates Espíritas
En
“El Espiritismo Seduce a Francisco I. Madero”, la investigadora que
hemos citado reiteradamente, destaca que en el espacio público conocido
como el Liceo Hidalgo –foro de discusión sobre la cultura y las
letras-, en 1875, el espiritismo libró grandes batallas públicas que le
llevaron a estar en primerísima escena en la esfera de la ciencia y la
filosofía.
Los debates, iniciados el 5 de abril de 1875, se
enfocaron hacia la relación del espiritismo con la ciencia, el
materialismo y el espiritismo.
De entre los grandes personajes
nacionales y extranjeros que presenciaron y participaron de esas
reuniones destacan: José Martí, espiritista y prócer cubano; Justo y
Santiago Sierra –este último literato y gran promotor del espiritismo y
quien desencarnara tempranamente como consecuencia de un duelo de armas
en 1880-, Gabino Barreda, positivista poblano que fuera nombrado
Director General de la recién fundada Escuela Nacional Preparatoria, y
el escritor, poeta y periodista, Ignacio Ramírez El Nigromante.
De
la reunión de ese día destacan dos intervenciones citadas por el
historiador José Mariano Leyva. La Primera de ellas, la del diputado
jaliscience Emeterio Robles Gil, quien defendió los principales
preceptos espíritas.
La segunda, la de José Martí, quien dijo
sentir “en sí mismo, la existencia de un espíritu imperecedero y
enteramente ajeno a la materia”.
En esa reunión Martí enfrentó un debate con Gustavo Baz, quien defendía los postulados del materialismo.
Por
su valor testimonial y por lo que representó Martí para el espiritismo
en Cuba, se reproduce su exposición, citada en “El Ocaso de los
Espíritus”:
“Yo vengo a esta discusión con el espíritu de
conciliación que norma todos los actos de mi vida. Yo estoy entre el
materialismo que es la exageración de la materia y el espiritismo que
es la exageración del espíritu. ¿Qué es el espíritu? Nos pregunta el
señor (Gustavo) Baz. El espíritu es lo que él piensa, lo que nos induce
a actos independientes de nuestras necesidades corpóreas, es lo que nos
fortalece, nos anima, nos agranda en la vida. ¿No recuerda el señor Baz
cuando ha depositado un beso casto en la frente de su madre, cuando ha
amado con la pasión del poeta, cuando ha escrito con miserable
tinta y en miserable papel algo que no era miserable? Es algo que
nos da la propia convicción de nuestra inmortalidad, nos revela nuestra
preexistencia y nuestra sobreexistencia”.
Los debates
subsecuentes atrajeron tal número de espectadores, que las sesiones
debieron trasladarse al Teatro del Conservatorio.
Como sinónimo
de la importancia que tenían estas discusiones, se señala la cobertura
que dio a las mismas el periódico “El Federalista”, en donde se
reprodujeron tales debates, así como también lo hizo “El Porvenir”.
Debe
resaltarse el nivel de estudio y conocimiento que para esos años
existían ya de la doctrina espírita, en razón de que en un artículo
periodístico, Santiago Sierra se refiere ya al éter como fluido
conductor de la vida espiritual.
Citamos parte de dicho
artículo, publicado de igual manera en la obra de la historiadora
Tortolero, en el que Santiago Sierra refuta argumentos en contra del
espiritismo expresados por Francisco Pimentel, director del Liceo
Hidalgo, en una ponencia denominada “Materialismo y Espiritismo”.
Expresa
Sierra: “También me abstengo de rechazar el cargo, que nos hizo Ud. de
contradecirnos al afirmar que el espíritu es incorpóreo y bicorpóreo.
El espíritu es un agente cuya naturaleza nos es desconocida, pero que
se vale para manifestarse físicamente, en el cuerpo y fuera del cuerpo,
de una fuerza especial cuya esencia no es tan inaccesible.
“Esa
fuerza, que es quizás el éther (sic) –anotación de la
historiadora- en cierto modo de vibración, y el ser que la posee,
forman dos entes distintos, sin que esto quiera decir que el espíritu
sea materia, ni que no lo sea, ni que sea dos cuerpos. Tal es nuestra
creencia.”
Asimismo, por su valor histórico se reproduce un
debate entre Gabino Barreda y Santiago Sierra, el cual, a su vez, es
citado por Yolia Tortolero del artículo Espiritismo y Positivismo, de
la autoría de Francisco G. Cosmes, en el periódico “El Federalista”, en
su edición del 21 de abril de 1875.
En otra sesión del Liceo
Hidalgo, el 22 de abril de 1875, cuando todas las localidades estaban
agotadas, hablaron Telésforo García, Joaquín Calero y Gabino Barreda.
Entre ellos, Barreda dividió su discurso en dos partes: la primera,
para exponer su sistema positivista y la segunda, para atacar al
espiritismo, negándole la influencia que en el estudio de las ciencias
pudiera tener. Barreda dijo entre otras cosas que:
“Mientras la
ciencia había logrado demostrar la existencia de los fenómenos físicos
por medio de las leyes constantes e invariables, el espiritismo no
había conseguido todavía presentar una sola ley”.
Gabino Barreda
terminó su exposición y, de inmediato, Santiago Sierra se levantó en la
sesión para impugnarlo porque el primero había dicho que: “los
espíritas aseguran que debe haber habitantes en los planetas porque
esto es muy bonito. No, contestó Sierra, porque la ciencia demuestra
que en cualquier punto del espacio, en donde quiera que existe un
átomo organizado, hay existencia”.
En los días más intensos de
ese debate, la Sociedad Espírita Central de la República Mexicana
habría decidido fijar su postura de la manera más pública posible:
publicando un desplegado en el periódico “El Federalista” el 28 de
abril de 1875.
Se trataba de lo que denominaba El Credo
Religioso y Filosófico de la Sociedad Espírita, documento firmado por
Manuel Plowers, Refugio I. González y Santiago Sierra.
De
acuerdo con la Yolia Tortolero, dicho documento señalaba que la
doctrina practicada por la Sociedad se apegaba a los principios de
Allan Kardec y sostenía la existencia del alma y espíritu, así como su
inmortalidad e individualidad. Exponía como esencial la pluralidad de
existencias o la reencarnación en mundos adecuados a su estado de
avance moral o campo vibratorio.
Remarcaba la creencia en Dios y citaba sus atributos con base en las preguntas 1 y 13 del “Libro de los Espíritus”.
Una
de las críticas que las diversas corrientes del positivismo y
catolicismo de la época esgrimían era la posibilidad de las
comunicaciones con los espíritus de los que ya han desencarnado.
Y
por ello, en dicha publicación establecía que la comunicación con los
espíritus es de utilidad, en razón de las valiosas enseñanzas para la
humanidad, así como se subrayaba al espiritismo como El
Consolador prometido por Jesús,
Así como el codificador expresa
que el espiritismo y la ciencia no se contradicen, Santiago Sierra
refrendó esos principios al publicar una serie de artículos en “El
Federalista”.
“…si algún principio del espiritismo pugna con
algún principio científico, que se nos indique; si se cree que las
comunicaciones de ultratumba no pueden coexistir con la ciencia,
demuéstrese: tenemos curiosidad de saber qué ley de astronomía, de
mecánica, de física, de química, de fisiología o de anatomía viene por
tierra con la intervención de los espíritus.”
Tras la
experiencia del Liceo Hidalgo, existen indicios de que el espiritismo
–quizás no de manera planeada- privilegió trabajar dentro del propio
movimiento y de ahí en adelante comenzará a diluirse su presencia
pública organizada hasta nuestros días.
En 1893 “La
Ilustración Espirita” dejó de imprimirse y al parecer eso impactó en
los recursos de comunicación y vinculación con los centros espíritas y
no fue sino hasta 1906 y 1908 cuando se organizaron sendos Congresos
Nacionales Espíritas, que se reanudaron las vinculaciones de manera
momentánea.
Se Pierde la Cohesión
Sin poderse
precisar de manera exacta la fecha, se estima que alrededor de 1889 la
Sociedad Espírita Central de la República Mexicana comenzó a funcionar
de manera irregular.
Tortolero plantea la hipótesis de que se
debió a la desencarnación de algunos de sus miembros y por la falta de
interés de otros más. Lo que se expresó en el cese del intercambio con
otras agrupaciones de Europa.
La historiadora detalla:
“Lo
más notorio fue que los distintos círculos de la República Mexicana
quedaron sin un órgano que guiara sus actividades a escala nacional, y
por ello cada uno trabajó por separado bajo sus propias orientaciones,
limitaciones y recursos.
“Todavía alrededor de 1893, la cabeza
que era la Sociedad Espírita Central trató de hacer llamados de
atención a los agremiados del país para no cesar de sujetarse al
reglamento de la Sociedad, pero también para no perder el rumbo de su
doctrina a escala internacional. En este sentido, uno de los últimos
anuncios que envió a los diversos círculos afiliados, fue en el sentido
de certificar su apego a las conclusiones de los dos congresos
espiritistas celebrados en Barcelona y París en 1888 y 1889,
respectivamente”.
Adicionalmente, como consecuencia de la
alianza estratégica de Porfirio Díaz con la alta jerarquía de la
Iglesia Católica –continúa Tortolero- se generó una corriente de acción
en contra de las diversas expresiones religiosas y espirituales. Se
vieron afectados los masones, los protestantes y, por supuesto, los
espiritistas.
“Puesto que el espiritismo fue también
ardientemente anticatólico, no es de sorprender que las fuentes
espiritistas revelen que en el decenio de 1880 muchos líderes
protestantes también fueron adeptos a esa ideología. En efecto, a
menudo la prensa protestante hizo frente común con el catolicismo
exacerbado de los espiritistas, en particular en los momentos de
persecución”, afirma Jean-Pierre Bastian en “Los Disidentes: Sociedades
Protestantes y Revolución en México, 1872-1911”, citado por Yolia
Tortolero.
Este clima de hostilidad hacia los movimientos
espíritas quedó reflejado en una comunicación enviada a Francisco I.
Madero –quien con el tiempo se convertiría en un ferviente promotor del
espiritismo kardeciano y posteriormente Presidente de México- por el
director de la revista espírita “Alma”, Antonio B. Castro, en 1904.
Según
la investigación que hemos citado, B. Castro indicó a Madero que en su
primer número de la revista debieron modificar la materia de la misma
para evitar persecuciones, por lo que la denominaron “Revista Mensual
de Estudios Psíquicos y Morales”.
“Como verá usted, creímos
conveniente no estampar en el primer número con entera claridad nuestro
objeto o, más bien dicho, no estampar la palabra espiritismo, que a
muchos asusta”, expresa B. Castro a Madero.
No obstante, “Alma”
dio un giro y comenzó a incluir contenidos notoria y abiertamente
espiritistas. La consecuencia relatada por el propio director a Madero:
“No
tiene usted una idea de cómo hemos luchado contra de la clase clerical
y fanáticos que no desperdician la oportunidad para evitar la
publicación y circulación del periódico, pues, según he sido informado,
han recurrido hasta con los carteros repartidores del correo para que
no hagan entrega de nuestra revista, y también sabemos que la guerra
nos la
tienen jurada por debajo del agua, pues no han querido
aceptar polémica ninguna por medio de la prensa; comprenden bien que el
silencio es lo más elocuente”.
Un Presidente Espírita
Quien
fuera presidente de México y masón, Francisco I. Madero, tuvo su primer
acercamiento directo con el espiritismo durante sus estudios en París
en 1892.
Ya en México había tenido la oportunidad de leer la
Revista Espírita de Allan Kardec, en razón de que su padre estaba
suscrito a la misma. Madero creció en una familia espírita.
Esta
formación y experiencia lo llevó a constituir en 1900 el Círculo de
Estudios Psicológicos de San Pedro, Coahuila, el cual presidió.
Francisco
I. Madero, de acuerdo con diversos historiadores, desarrolló una
facultad mediúmnica –sicografía. Existen a la fecha diversas
compilaciones de sus sicografías.
Asimismo, de acuerdo con los
archivos de la documentación de Madero, tuvo una intensa comunicación
con espiritistas españoles, quienes habrían sido unos de sus
principales proveedores de literatura espírita.
Con León Denis
sostuvo un intercambio epistolar. Uno de los motivos fue el solicitar
su anuencia para realizar una edición masiva de su libro “Después de la
Muerte”, traducido por Ignacio Mariscal, con el fin de difundirlo en el
ferrocarril, entonces transporte de grandes masas (1906).
La
segunda circunstancia fue cuando Madero le indica a León Denis que
buscaría la vía de la política para luchar por la causa espírita, de
acuerdo con su misiva del 26 de junio de 1906.
De igual manera
colaboró, en ocasiones con el seudónimo de Arjuna, en periódicos
espíritas como “La Cruz Astral”, “El Siglo Espírita”, “Alma” y
“Helios”, y envió trabajos a los primer y segundo Congreso Espírita de
1906 y 1908.
Francisco I. Madero, quien publicó en 1911 su
“Manual Espírita” bajo el seudónimo de Bhima, no sólo fue promotor de
la doctrina espírita sino que apoyó financieramente a publicaciones
espíritas como “Alma”, “El Cristiano Espírita” y “La Cruz Astral”
(editado en Monterrey por Manuel Vargas Ayala).
Es importante
mencionar que al igual que los espíritas de la primera mitad del siglo
XIX, existía un amplio conocimiento de la doctrina dictada por los
espíritus.
Ello puede percibirse de algunas de las conclusiones
que Madero expuso en uno de sus trabajos para el Segundo Congreso
Espírita de 1908, y cuyo contenido se encuentra en las cartas del mismo.
Madero
mencionaba que en su camino evolutivo, el espíritu debería de pasar por
los reinos vegetal y animal, hasta alcanzar el cuerpo humano, y ahí
iniciar el ciclo de las reencarnaciones.
Al final de su vida, Madero privilegió más lo que él consideró su misión política, que el trabajo en la doctrina espírita.
Por
considerar que existe una gran variedad de obras sobre la vertiente
espírita de Francisco I. Madero no se ahonda en el tema, y se citan
algunas de ellas al final para utilidad de los interesados.
Los
espíritas volvieron a organizarse para la realización de lo que sería
el Primer Congreso Espírita de 1906, lo que será motivo de un material
específico.
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Referencias bibliográficas
TORTOLERO, Cervantes Yolia, El Espiritismo Seduce a Francisco I. Madero, México, Conaculta/Fonca 2003.
LEYVA, José Mariano, El Ocaso de los Espíritus. El espiritismo en México en el siglo XIX, México, Ediciones Cal y Arena 2005.
KRAUZE, Enrique, Francisco I. Madero. Místico de la Libertad, México, Fondo de Cultura Económica, 1987.
ROSALES,
José Natividad, Madero y el Espiritismo. Las cartas y las
sesiones espíritas del héroe, México, editorial Posada, 1973.
SOLARES, Ignacio, Madero, el otro, México, Joaquín Mortiz, 1989.
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